Por Lorena Labastía y María de los Ángeles Massaro
El 13 de marzo de 2026, tan sólo una semana después del aniversario de la inundación que arrasó con nuestra ciudad, nos encontramos a conversar con la artista Alicia Antich, para hablar de su obra, y recuperar un evento en particular en relación con ella. Justamente un año atrás la lámpara que llevaba por título “Para abolir las tinieblas “, que estaba emplazada en el espacio público, lugar emblemático de encuentro entre personas en la ciudad, había sido arrasada por el agua.
Alicia nos cuenta un poco sobre esta obra…
A: Gané una convocatoria que hizo 2 Museos, una bienal internacional 2021-2022. La propuesta de 2 Museos fue destacar algún lugar de la ciudad, o problematizarlo. Entonces pensé: lo que quiero es señalar sobre el arroyo es el límite natural entre la indiada y la fortaleza argentina, es decir lo que estaba siendo el inicio de la ciudad de Bahía Blanca.
Antes de eso -indudablemente yo trabajo con cosas que el inconsciente trae- estaba en Budapest, en un momento en un puente muy grande cerca del río, gente con sillas, copas, uvas y queso, pensé: ¿qué están esperando? y me di cuenta de que estaban esperando que se enciendan las luces del puente… Eso me debe haber quedado.
Entonces pensé en un lugar en el que la gente la disfrute. Me gusta mucho el arte público, es lo que más disfruto. La colgamos en el 2021.
Comentamos a la artista el rasgo que tendrá este número de la publicación al abordar la potencia de la naturaleza. Intentamos rastrear los efectos subjetivos, al quedar un lugar vacío luego del evento, donde antes estaba su obra. En el único puente que quedó en pie en ese paseo local, un lugar de la ciudad que tiene una función social, recreativa, de ocio y de disfrute, como la artista señaló que era su objetivo.
A: Sí, ese territorio fue apropiado de otra manera, luego de la inundación, yo empiezo a sentirme muy interpelada cuando gente en las redes sociales me pregunta cuándo se colocará nuevamente la lámpara.
La historia fue así, después de la inundación fui después de varios días y no la vi. Me imaginaba que con toda la carga que trae el arroyo no iba a soportar tanto, pero también tenía una esperanza, estaba colgada con cables de acero. Tiene cuatro anclajes por el viento.
Desapareció, pero yo sabía que tenía que estar en algún sitio. Pensaba: estará en el fondo de la ría.
Una vez hablaba con el director del museo, y ya empezaba a pensar en hacer otra lámpara, en ese momento me entra un mensaje de mi hija diciéndome: encontraron la lámpara… Una persona la encontró y la colgó. Se me pone la piel de gallina al contarlo.
Me cuentan que la había encontrado un grupo de runners, entro a las redes y veo una foto de la lámpara colgada en un árbol, cuando llego ya no estaba y … pienso… se la llevaron de nuevo, giro y estaba colgada. Fue un shock emocional para mi verla colgada. Lloré.
La había encontrado un chico que se llamaba Gastón, quien la arregló, la llevó y la colgó.
Antes de esto estaba preparando una muestra en la Casa del Bicentenario en Buenos Aires, donde tengo un grupo de casitas de cristal, pensaba que quería una imagen de la lámpara para esa obra en blanco y negro y pixelada. Justo cuando la estábamos haciendo aparece.
Entonces, siguiendo con cómo me reencontré con la lámpara, yo quería conocer a Gastón, en redes sociales la gente decía que lo había visto.
Los cristales estaban casi enteros, esta persona algo la arregló, pero él no quiere aparecer. Yo sólo le quiero agradecer, por eso siempre en entrevistas lo nombro.
Habla sobre la vida de la lámpara antes de ser arrasada por el agua: “había gente que se sentaba debajo del puente a tomar algo, a mirar, y nunca le pasó nada.”
Le preguntamos a la artista cómo piensa la intervención del arte en el territorio.
A: Fue algo que se fue dando, no lo analicé previamente, pero a mí me sorprende día a día el impacto que tuvo que no esté.
Habla de otra de sus obras, que colgó en plena pandemia en la verja de 2 Museos, un jardín con flores que tenía un texto.
A: se llamó “La primavera empuja un poco más la noche”. La gente me decía que en medio de tanta muerte lo veían y se alegraban.
Pero lo de la lámpara era mirar, pasar y mirar, años encendida. La gente diciéndome eso: es pasar, mirar y verla.
E: Todo lo que decís me lleva a pensar si no hay algo del hecho artístico que se termina de efectuar luego de que la obra no está, pensando en todos los efectos que produjo su ausencia en otros y en vos misma.
A: Si, efectivamente … y paso y veo y veo. Pienso: cómo se puede volver a colgar. Me pregunto y me preguntan qué pasará de acá en más.
E: pienso que hay algo de esta obra que empieza a hacerse colectiva, a partir de la intervención de esta persona Gastón, en su recuperación, restauración etc.
A: Sí, hay algo de eso que decís.
La artista habla de la elección de los materiales para esa obra en particular.
A: Yo trabajo con vidrio, después del 2003, y con la lámpara, fue incorporar ese elemento en la obra, lo hice con elementos de descarte de la industria petroquímica.
E: Me quedo pensando en este detalle sobre tomar elementos de descarte de la petroquímica, en este diálogo entre la naturaleza y la intervención humana en ella, cómo el hecho artístico también actúa como una forma de intervención humana. Vos señalaste en un momento anterior hablando de la lámpara: “no pensé que podía soportar tanto” y esto no deja de resonarme con todo lo que venimos conversando, como una metáfora de lo que le ocurrió a la ciudad.
A: Sí, está un poquito oxidada, un poquito torcida, un poquito rota.
E: Un poco como todos nosotros. (Risas)
A: Me habían propuesto hacer una lámpara nueva, pero dije: tiene que ser esa. Hay que reconstruir algunas cosas que le faltan para colgarla. No es restaurarla, porque algunas cosas van a quedar así.
E: Efectivamente hablás de que tiene que ser la misma lámpara, con algunas marcas que le dejó el episodio de inundación y algo de esas marcas van a quedar.
E: En relación con tus obras, tomé algunos títulos: “Un lugar donde existir”, “Todo fluye” y “Para abolir las tinieblas”, que fue como nombraste tu obra de la lámpara que se llevó la inundación. Sobre eso, dos preguntas: una en relación con esta última obra, ¿por qué la nombraste así? y luego “Todo fluye” (que fue posterior a la de la inundación). ¿Qué relación podés ubicar – si la hay – en esta última, con dicho evento?
A: Toda la relación, esa muestra tenía mucho que ver con el agua. Cuando yo empecé a hacer un repositorio de agua el primero fue en Florencia, después seguí y había cosas que nunca había expuesto. Entonces también hay ampolletas con agua de los ríos patagónicos, del glaciar perito moreno, ya había hecho anteriormente acá en Bahía una muestra que se llamó “Algo fluye”. Todo fluye como sintiendo esto también va a pasar y lo superaremos.
Volviendo a la lámpara, en ese momento inicial yo no pensé mucho en ella, pensé en las personas que no estaban, las cosas que sucedieron terribles, la lámpara era una cosa que se podía repetir. De pronto aparece y es un regalo de la vida.
E: pensaba al escucharte, que el hecho de colocar nuevamente la lámpara ya habla un poco de que ese primer momento pasó y abre la posibilidad de un momento distinto.
A: Sí, yo la pensé como un faro siempre, como algo que pasás y lo ves. Yo he pasado y filmado el reflejo de la lámpara en el agua. Estoy esperando para agarrarla. Me hacen pensar que debería tenerla lista pronto…
Conversamos sobre los efectos subjetivos de la inundación y las marcas que dejó en cada uno de nosotros.
A: Sí, todos hemos perdido, el piso se va levantando.
Volviendo a la lámpara, habría que ver qué dice la gente, a mí me gusta porque se la han apropiado, nunca pensé que iba a tener semejante repercusión, ella ya se apropió del territorio, dijo: es mío. El 16 de marzo finalmente se volvió a colgar la lámpara, la artista se comunicó para agradecer la entrevista, que según expresó fue un estímulo para concretarlo.
